El secreto que lo llevó a convertirse en uno de los artistas plásticos más reconocidos del mundo ha sido, paradójicamente, una lucha por mantenerse siempre irreconocible para los medios y su inmensa legión de seguidores. Quizá por ello, Banksy, de quien apenas se sabe que nació en Bristol, Reino Unido, ha cobrado tan solo una libra esterlina (1,4229 dólares estadounidenses) por "Banksy vs. Bristol Museum", la exposición que actualmente tiene en la galería de arte de su ciudad natal. En buena cuenta, es el precio para seguir siendo el misterio mejor guardado del arte en la actualidad.

Una de sus obras, que superan usualmente los 350 mil dólares cada una y se venden en remates privados.
El artista que ha regado sus obras por las calles del mundo entero -y celebrado gracias a su lograda técnica en la que combina el grafiti y el esténcil- optó por cobrar esta irrisoria suma a cambio de que todas las imágenes grabadas por el circuito cerrado de la galería durante la preparación de la muestra, y en la que presumiblemente Banksy también participó, fuesen destruidas.

Sus trabajos combinan siempre la ironía y la crítica y pueden aparecer en cualquier parte del mundo.
Según fuentes oficiales, la galería aceptó el acuerdo y el pago simbólico por la muestra cuya preparación fue realizada en el más completo secreto: apenas cuatro empleados participaron en ella, mientras que al resto se les pidió tomar unos días libres sin ofrecerles mayor explicación.

No han sido pocos las entidades estatales quienes han pedido su captura por haber intervenido espacios públicos sin autorización.
"Ésta es, definitivamente, la mejor libra que el ayuntamiento ha gastado nunca", señaló el diputado Simon Cook, vicealcalde del Ayuntamiento de Bristol, una de las entidades que impulsaron la muestra. Y cómo no: la exposición gratuita, que abrió sus puertas el 13 de junio pasado, ha recibido ya más de 230.000 visitas y está próxima a convertirse en una de las más visitadas del país este año. Todavía ahora, luego de dos meses, pueden verse aún colas de gente desde muy temprano que recorren más de 3 kilómetros de veredas.
Lanzar al aire en pleno carnaval de Notting Hill (Londres) un fajo de billetes de 10 libras esterlinas (16,234 dólares estadounidenses) en los que la figura de la reina Isabel II había sido sustituida por la de la desaparecida Diana de Gales; colgar en la galería Tate Modern, de la misma ciudad, una obra de arte rupestre sin ser descubierto; o pintar a soldados orinando en la calle o saltando alegremente con flores en las manos; son algunas de las excentricidades de este artista amado, odiado y buscado por pintar en espacios públicos e incluso gubernamentales, cuyas obras pueden superar los 350 mil dólares cada una y que son vendidas en remates privados. Ya se ve: el éxito tiene caminos perversamente misteriosos.
Este es el video elaborado para presentar la exhibición:

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